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Emigrar a Canadá no
es factible para todos y, mucho menos, resulta una tarea fácil.
Los interesados deben reflexionar sobre su decisión, para que la
experiencia sea satisfactoria.
El diálogo anterior es real.
Y es sorprendente toparse con personas que, sin haber puesto un
pie en
Canadá, creen firmemente que es un paraíso terrenal. Hay
que saber que, como todo país al que se quiere
emigrar,
Canadá
supone ventajas y desventajas. Justamente la intención de este
artículo es desmitificar algunas ideas que la gente tiene acerca
de este país y las oportunidades que ofrece.
Primer mito:
Quiero
ir a Canadá para
ganar dinero y después regresarme con
él.
Realidad - En general,
Canadá no es un país para hacerse rico.
Naturalmente, la economía y la calidad de vida son muy buenas,
pero –aunque se vive muy bien– es difícil amasar una fortuna. Y
es que la distribución de la riqueza en Canadá es como un balón
de fútbol americano: las clases alta y baja están en las puntas,
y la clase media, en el centro, lo que significa que la mayoría
pertenece a ese sector. En este sentido, el
sistema canadiense
es más justo, pero a la vez castiga más a los que más tienen. En
definitiva, no es fácil ganar más
dinero
que otros.
Segundo mito:
En Canadá todos tienen un auto de lujo.
Realidad - Las bajas tasas de interés permiten que casi
cualquier persona pueda adquirir un auto nuevo o seminuevo,
pagando mensualidades de entre 300 y 600 dólares; sin embargo,
esto no significa que todos tengan un auto de lujo. Si bien las
mensualidades son relativamente bajas, se necesita contar con
ingresos suficientes para cubrirlas puntualmente.
Tercer mito:
Los canadienses tienen una cultura similar a la de los
estadounidenses.
Realidad - Aunque en muchos aspectos los canadienses piensan
como los estadounidenses, en otros son muy diferentes. Por
ejemplo, en Canadá se tiende a vigilar el bienestar de la
población, como en lo relativo a los servicios de salud, que se
otorgan sin importar el estrato social de la persona. Gracias a
esta actitud, no son comunes las prácticas del favoritismo y la
corrupción. Asimismo, las ciudades canadienses son mucho más
seguras y, aunque el racismo existe como en todo el mundo, el
canadiense promedio en las grandes ciudades está acostumbrado a
convivir con inmigrantes.
Cuarto mito:
En
Canadá atraen a gente de otros países; le dan casa y trabajo
para poblar el país.
Realidad - Es verdad que Canadá depende de la
inmigración para
mantener y aumentar sus niveles poblacionales, pues la tasa de
natalidad tiende a decrecer, de ahí que atrae anualmente a más
de 250 mil personas de todo el mundo, pero ni les pone casa ni
les consigue trabajo. Para un panorama más amplio consultar el
sitio de
Inmigración de Canadá
(www.cic.gc.ca).
Quinto mito:
La gente no sale de su casa durante la temporada invernal; todas
las actividades se paralizan.
Realidad - La vida sigue como siempre. Aunque haga mucho frío o
abunde la nieve, los canadienses hacen su vida con normalidad.
Sólo en casos extremos, con temperaturas inferiores a -30 grados
centígrados, se cierran las escuelas y las avenidas.
Sexto mito:
Si soy gerente de una empresa transnacional en mi país y decido
irme a Canadá, conseguiré trabajo rápidamente y ganaré más.
Realidad - Ser inmigrante no es fácil. El simple hecho de dejar
todo y llegar a un país con costumbres diferentes en donde no se
conoce a nadie puede ser abrumador. La tarea de conseguir
trabajo también puede resultar titánica; así como hay personas
que lo consiguen en dos semanas, hay otras que tardan meses.
Además, los sueldos y puestos no necesariamente son los mismos
que los del país de origen; hasta es posible que se tengan que
sacrificar ambos con tal de obtener la experiencia canadiense
que solicitan muchas empresas para
contratar inmigrantes. En
general, una vez que se consigue el primer empleo, mejora el
aspecto laboral.
Séptimo mito:
Tengo mi propio negocio, por tanto, me voy a
Canadá a emprender
un negocio similar.
Realidad -
Canadá acepta gustosamente otorgar
visas de
entrepreneur a los pequeños empresarios que demuestren contar
con cierta cantidad de dinero. Asimismo, deben satisfacer otros
requisitos para ser considerados como emprendedores con
potencial para ser exitosos, como comprobar haber administrado
algún negocio, haber tenido un porcentaje de acciones en una
compañía, crear al menos un puesto de tiempo completo y emplear
al menos a una persona que no sea familiar.
Octavo mito:
Si algún día
me voy a Canadá, pondré un restaurante o una tienda
de artesanías, porque esto les encanta a los canadienses.
Realidad - Efectivamente, muchos de los canadienses gustan de la
gastronomía y el arte Latinoamericano, pero este mercado está
saturado. Sería recomendable hacer un estudio de mercado para
evaluar si un negocio de esta naturaleza resultaría rentable.
Noveno mito:
Me quiero ir a Canadá, pero antes de tramitar mis papeles quiero
conseguir un trabajo desde aquí.
Realidad - Aunque no es imposible, conseguir un trabajo en
Canadá estando fuera del país y sin poseer los documentos para
trabajar legalmente es muy difícil. La mayoría de los
inmigrantes prefiere tramitar primero su residencia y después
llegar al país y buscar trabajo, con visa en mano.
Décimo mito:
Me voy a Canadá
a trabajar por unos meses y, si me gusta, me
quedo.
Realidad - Además de ser ilegal trabajar sin documentos
oficiales, cada vez es más difícil entrar a Canadá como turista.
El gobierno se ha dado cuenta de que mucha gente se queda de
forma ilegal, así que los deportan al arribar. Más vale prevenir
que lamentar. La posibilidad de ser deportado debería ser más
que suficiente para desalentar al aventurero.
En conclusión, no todo lo
que brilla es oro. Definitivamente
vivir en Canadá vale la pena,
porque ofrece calidad de vida, seguridad, certeza económica…,
pero esto no significa que
emigrar sea factible para todos y,
mucho menos, una tarea fácil. En todo caso, los interesados
deben de reflexionar sobre su decisión, para que la experiencia
resulte satisfactoria.
Gracias a
www.vamosacanada.com
por su colaboraciòn gratuita con este articùlo.
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